May 01 2008

La disparidad de Conor Oberst

publicado por issa en 4:11 pm || archivado en entrevista, reseña

Por Issa Villarreal
Publicado originalmente en La Rocka (Mayo 2008).

La verdad es que Conor Oberst no siempre es el chico callado y retraído que te imaginas cuando escuchas alguna de las canciones punzantes de Bright Eyes. Después de 10 años de tocar con su banda de folk, le sigue una reputación de ser impredecible a los extremos: pasarse de alcoholes, romper instrumentos, de ser una moneda al aire cuando se trata de verlo tocar, aún cuando la mayor parte de sus rolas son apacibles y hasta silenciosas.

En el concierto del viernes 25 de abril en el Café Iguana sólo tuvimos una probada mínima de su intensidad musical. En la última canción –“Roosevelt Room”, con detalles de rockabilly y hard-rock–, se subió con su guitarra eléctrica encima de la batería como un equilibrista amateur, rompió a pisotones las cervezas en lata que tenía en el escenario, y trató de encajar la guitarra en uno de los amplificadores.

Era el punto violento de la noche, minutos después de haber tocado “Lua”, con una suave entrada de trompeta y del público cantando más alto que Conor, que se defendía sólo con su guitarra acústica y la confianza en su voz emotiva. “Lua”, la balada que le ganó la corona de trovador en la actual escena de música independiente.

Conor tiene parecido físico a Peter Parker en Spiderman 3 cuando se vuelve “malo”. Cabello negro lamiendo el cráneo, en el escenario del Iguana con ropa holgada y oscura. Curiosamente, igual que el personaje, el músico viene de a dos partidas –nostálgico y descontrolado– o inclusive de a tres, si encuentra el espacio para envolverte en su elocuencia, en sus calculadas frases. En una plática por teléfono para La Rocka el cantautor de Nebraska habló de la diferencia entre sus canciones y su vida: “A veces sólo escribo lo que me viene y a veces el mundo es todo lo que quiero”, contó, “El mundo es muy hermoso, muy triste, muy caótico y excitante y todo eso. Cuando trato de escribir trato de capturar lo más posible”.

“Supongo que cuando escribo de lo que hago me deja sacarlo de mi vida. Trato de estar lo más positivo posible, tratando de buscar lo bueno en todo. Creo que cuando lo haces de la otra manera es una pérdida de tiempo”, aseguró, “mucho de lo que sacas en la vida viene de lo que das. Entre más positivo y más buenas vibras pueda dar al universo, eso es lo que voy a obtener. Esa es mi teoría”.

A sus 28 años Conor sabe su camino y a donde lo lleva. Ha tratado de capturar el mundo en más de 10 discos con Bright Eyes, además de llevar la cabecilla del sello independiente de su ciudad natal –Omaha, Nebraska– llamado Saddle Creek Records. En agosto de este año sacará su primer disco de solista, grabado en el estado de Morelos, aquí en México, acompañado por la Mystic Valley Band.

Por ser tan prolífico y por la peculiaridad de sus líricas algunos periódicos y revistas influyentes lo han llamado un joven Bob Dylan. Pero la fluidez de Conor no se queda en sus dedos ni en su libreta. Su voz es clara y ligeramente adolescente, con un inglés perfectamente delineado y articulado, y con control sobre las hileras, las ristras de palabras. ¿De dónde surgen sus hilos creativos? Aún no puede explicarlo: “Sabes, es raro. No importa qué tantas canciones haya escrito, todavía no entiendo de dónde viene. Sé que no lo puedo controlar y que tengo que ser paciente y consciente y estar listo para crear la canción una vez que viene la inspiración”, comentó, “Cuando trato de sentarme y forzarme a escribir no funciona o sale mal. Tengo que esperar a que llegue la inspiración. No tengo una buena moraleja acerca de escribir canciones aunque he escrito muchas”.

Para el concierto de Monterrey Bright Eyes sorteó algunos problemas mínimos de sonido en canciones como “First day of my life”, una de las más celebradas de la noche frente a un antro medianamente lleno. En poco más de una hora y empezando inusualmente puntual a las 9 de la noche, la banda interpretó 14 canciones intensas, crecientes en violín y lap-steel para dar el acabado country y de música tradicional de Estados Unidos.

Conor también lleva lo multifacético a su música. La experimentación con estilos musicales lo llevaron en el 2005 a sacar con Bright Eyes un álbum basado en instrumentos electrónicos, Digital Ash In a Digital Urn, al mismo tiempo que uno folk, I’m Wide Awake, It’s Morning, siendo éste último el disco que lo diera a conocer al mainstream: “Para mí fue natural estar trabajando en ambos discos simultáneamente. Hicimos primero Wide Awake… e íbamos a la mitad del camino con Digital Ash cuando íbamos a sacarlos por separado y hacer dos tours distintos. Cuando sacas discos hay todo un mecanismo, la industria, los sellos disqueras, y toda esas cosas que alentan el proceso creativo”.

“Muchas veces terminas distribuyendo un disco o tocando un disco mucho tiempo después de que escribiste esas canciones. Supongo que fue más una decisión práctica de querer sacarlos en el mismo día para poder unirlos y sacar la música al mundo más rápido, que era lo que queríamos hacer entonces”, agregó.

En el concierto en el Café Iguana también interpretó canciones de Cassadaga (2007), como “Soul Singer in a Session Band”, “Cleanse song” y “Four winds”, la canción del Apocalipsis, con la que empezó intensamente esa noche con su inconfundible entrada de violín. Cassadaga, su álbum más nuevo, tomó un año de grabación en el estudio y dejar más de quince canciones afuera a la hora de la producción. El nombre del disco viene de una ciudad en Florida conocida por su comunidad de espiritistas, en donde surge el lado místico del músico: “Realmente me interesa la energía y la idea de que ciertos lugares geográficos albergan más energía, energía psíquica. No tiene que ver con religión, sino con enfocarse en la mente humana, y creo que eso es lo que hacen ahí en Cassadaga”.

Para el cantautor la disparidad de cada álbum no tiene que ver con el contenido ni con grandes conceptos o historias. Tiene que ver más con el trabajo que hace con sus compañeros, Mike Mogis (guitarra) y Nate Walcott (teclados), así como los colaboradores que constantemente rotan en Bright Eyes: “Cada vez que hacemos un disco es como un nuevo experimento. Las canciones en sí son usualmente muy sencillas, como canciones folk, o canciones de rock o lo que sea. Como banda tratamos de decorarlas distintos, tratar nuevos sonidos o instrumentación o producción o técnicas, ese tipo de cosas”, explicó.

Pareciera que para Conor la música es donde se desenvuelve a sus anchas, donde puede ser Peter Parker y Spiderman sin importar donde empiece ni donde termine. Sólo hay una cosa que lo hizo soltar una risa nerviosa durante la plática, y fue eso mismo que te preguntas rápidamente en tu cabeza cuando escuchas de una persona tan dispar: “Supongo que no quiero volverme loco. Tengo mucho miedo de volverme loco”, confesó, “pero supongo que mientras no pierda mi cabeza, estaré bien”. Que así sea.

No hay comentarios

Trackback URI | RSS de comentarios

Deja tu comentario