Dec 01 2006
Morrrrrrrissseeeeyyy en la Arena
Por Issa Villarreal
Publicado originalmente en La Rocka (diciembre de 2006).
Morrissey, o Moz, como le dicen sus fans, se puede dar el lujo de quitarse la camisa y aventarla al público… dos veces en un solo concierto. De poner cara de aburrido al tocar €œHow soon is now?€ de los Smiths. De venir a Monterrey y decir frente a miles de fans que el concierto en pleno curso €œno era nada especial€. De tener a los Pet Shop Boys de espectadores en el área de general. De decir que su verdadero nombre es Alejandro Sanz y decirnos que hemos sido engañados. De decir que €Monterrey€ es parecido a €Morrissey€ pero que no significan lo mismo, y seguir sacando algunas sonrisas.
Pero no se le piden peras al olmo, ni humildad al señor Moz.
El concierto que dio el sábado 18 de noviembre en la Arena Monterrey raspó las 20 canciones. Acompañado por cinco mosqueteros en blanco, Moz apareció ante los más de seis mil fans como el divo que es: de traje, con corbatita plateada como su cabello y camisa oscura. El señor de 47 años, con un porte de autoridad y de arrogancia al centro de un escenario limpio, al que le caería una que otra rosa aventada por sus seguidores.
Morrissey dio una presentación fugaz del buen rock de Manchester, poquito más de la hora y media, con un setlist que mezcló canciones suyas como de su anterior y aclamada banda los Smiths. €Let me kiss you€ y los pectorales de Moz en la línea de €think of someone you physically admire€. Entre las rolas más coreadas por la gente estuvieron la ya mencionada €How soon is now?€, €Everyday is like sunday€ y €Girlfriend in a coma€. Trompetas, un gong, y toda la atención concentrada al frente. Al grito de €¡Viva México!€ comenzaba la pegajosa €œFirst of the gang to die€ para hacer brincar hasta a los más aburridos periodistas. Y arrancándose la camisa una segunda vez, se despedía de sus fans regiomontanos.
El momento homoerótico de la noche: la bellísima €œDear God, please help me€, de su último disco Ringleader of the tormentors (2006), con el señor Moz arrodillado, apoyado en sus manos, dejándose seducir por caricias misticas y las luces moradas.
A pesar de la buena interpretación de las rolas y el buen porte del cantante inglés, las opiniones acerca del concierto estuvieron mezcladas. Oscilaron igual que los gritos y el silencio de los fans entre una canción y otra. Los más cercanos al escenario, pudieron darle la mano y disfrutar de pelearse por las camisas. Pero los que estaban atrás, en alguna de las butacas de las secciones altas de la Arena, dicen haberse quedado con las ganas de-algo-más: tal vez de €Suedehead€, de algo de cariño al sufrido público regiomontano, o de una rebanada de lo que llegó a parecer un chiste privado del señor Moz.

